Aquí tienen el priemer capítulo de la novela que estoy escribiendo para la clase de la Olivia.... ojalá les guste y sean felices, tan felices como El Güero Solis:
El viejo cantinero
Capitulo 1
-Hm… funcionará
Pensó el viejo James llegando a lo que sería su nuevo establecimiento, para ser sincero a su mismo, su primer proyecto.
Tenía una edad mediana, pero era fuerte, y tenía la mente joven, cosa que lo ayudaba siempre, en cualquier situación.
¿Familia? Si… tuvo alguna vez… su esposa había muerto años atrás y su hija estudiaba en París… enviaba cartas y ella nunca respondía…
-¿pero qué le hice?- preguntaba a si mismo.
Comenzaba el mes de Septiembre en Londres, Inglaterra. Comenzaban algunos vientos fríos… por lo que una chaqueta ligera resultaba favorable. Era el año de 1859, así que todo Londres estaba vuelto loco por una de las mas espectaculares construcciones de la historia europea, la Torre del Reloj en el palacio de Westminster, o como se comenzaba a llamar por algunos jóvenes de las plazas cercanas, El Gran Ben.
Abrió de lleno la puerta y vio que había unas pocas sillas apiladas junto a una amplia barra, así que puso manos a la obra y tomo unas pocas para quitarles el polvo con un trapo que encontró cerca. Asumió que hacia tiempo que nadie entraba allí por al menos cinco años, ya que el polvo formaba una capa grisácea algo gruesa.
Pensaba que ahora tenía mas libertad, se sentía algo en el ambiente, era una de esas tardes en la que piensas que todo saldrá bien. Gracias a cualquiera que sea mas grande que nosotros, no se equivocaba. No era religioso en absoluto ‘es una completa perdida de tiempo’, pensaba. En sus meditaciones, pensaba que el cristianismo tenia como mulas de carga a todos sus seguidores, ciegos y sordos de las otras opciones de hacer el bien sin tener ataduras al ser supremo. El tenia en cuenta al ser supremo, lo trataba como a cualquier buen conocido, incluso le hablaba en veces, pero nada mas allá.
‘esto me llevara toda la noche’, se dijo a si mismo. Entones su mirada se vio forzada a mirar al marco de la puerta, que había olvidado cerrar. Ahí estaba un muchacho de mirada curiosa, ‘bandalo’ fue lo primero que pensó.
-¿Qué deseas muchacho?- dijo levantándose de la incomoda posición en la que se encontrada.
-eh… nada. Ví la puerta abierta, me pareció raro, ya que este local lleva abandonado desde que tengo memoria, así que decidí ir a echar una mirada.- dijo entrando un poco, mirando el techo con las manos en el chaleco remendado que llevaba puesto.
-ya viste suficiente, ¿no?. Ahora vete, tengo que levantar este lugar- al oír aquello, al chiquillo se le iluminó la mirada y se acercó al viejo.
-¿piensa revivir este lugar?-soltó una carcajada- ¡vamos! Este lugar no tiene arreglo, esta viejo, deshecho. Esto no atraerá a quien usted espere que venga. ¿Qué piensa usted hacer aquí?¿un restaurante?¿un bar?.
-lo ultimo- dijo secamente el hombre, retomando su actividad.
-¡Perfecto!-dijo el muchacho aplaudiendo una sola ves, se froto las manos y continuo.-¿puedo ayudarlo?-
La mirada del viejo se volvió hacia el muchacho, mostrando un brillante par de ojos azules.
-tal vez…-se incorporo de nuevo, se limpio las manos con la chaqueta marrón y continuo- ¿Qué edad tienes?
- quince años, señor.
- me parece que esta bien…
El muchacho dio un salto de alegría, golpeando el aire.
-¡gracias!¡gracias!- extendió su brazo y dedico una sonrisa al viejo diciendo-mi nombre es Aubert… Aubert Jonson.
-Eh… yo soy James-dijo, estrechando con fuerza la mano del muchacho.
Miro con ojo crítico al muchacho, era grande y fuerte. Le pareció un buen ayudante, así que no lo pensó más tiempo.
-ven, comienzas ahora. Ayúdame con las mesas.