Noche Toledana
Messit Me Dominus
CABROOONEEEES!!!
...
Capítulo 14
James dejó su shock instantes después, y corrió a través de la puerta.
-¡hey!- gritó el doctor Smith mientras James corría tras Aubert a la velocidad que toda la fuerza de su alma le permitía.
James, al correr, reparó en que Aubert había ido hacia el lado opuesto, hacia su casa, y decidió correr hacia el otro lado, hacia el bar.
Cada paso que daba era como un latigazo en la espalda, sus músculos se contraían, el sudor bajaba por su frente, comenzaba a jadear… la edad y el cansancio cobraban una enorme cuota y estaban poniendo en peligro su vida.
De pronto, el un mal paso, sin mirar, su pie calló en una parte donde la calle empedrada había perdido rocas, y se desplomó. La desesperación lo empezó a corroer.
Pero volvió la mirada hacia atrás. Nadie. Era inaudito, era estúpido. James se levantó pesadamente de su incómoda posición y caminó hasta tumbarse en una pared.
‘Estoy a salvo…’ el corazón dejó su acelerado ritmo, sus músculos volvieron a la normalidad.
Una tensa calma fue lo que sintió al revisar la herida en la pierna, era profunda, pero curaría fácilmente.
Se incorporó, caminó unos pasos más hacia enfrente, pero, para estar seguro, volteo hacia atrás.
Aquél sombrero enorme y lanudo era inconfundible.
Había un guardia de la reina al final de la calle.
James corrió al instante, ignorando el cansancio que le daba la persecución y el dolor de la herida. Pero para su horror, era más lento que el guardia, continuó con más fuerza y apenas consiguió irlo dejando poco a poco atrás.
La noche hacía el suelo invisible, pero James conocía bien el camino. ’Ya estoy en mi territorio’, volteó y había logrado dejar al guardia a una manzana de distancia.
Sacó las llaves del bar y abrió con torpeza y desesperación. Entró y encontró todo como estaba. Había sobrevivido a la muerte y a la justicia.
La calma lo invadió y se desmayó.
Nada de lo que había antes lo prepararía para lo que sucedería.
Capítulo 13
Al día siguiente, James descubrió en el brazo de Aubert moretones y algunas cortaduras, que se dedicó a limpiar con cuidado mientras este dormía.
Aubert despertó cerca del mediodía y se dispusieron a comer algo, pescado, pan y queso fue lo que encontraron en la escasa alacena de James, pero lo disfrutaron.
Jugaron a las cartas hasta que la noche volvió, entrometida, para observarlos moverse entre la noche.
James casi no reconocía las calles de noche, y cada ventana le parecían ojos espías, que se anticipaban a sus movimientos. Aubert encabezaba el caminar hasta el despacho del doctor Smith. James se sorprendió del cambio en la expresión de Aubert: estaba alerta, su afilada naríz y sus ojos pardos resplandecían a la luz azul de la luna y extremaba precauciones al pasar de una calle a la otra, tiraba piedras y se escondía, volteaba hacia los dos lados antes de indicarle a James cuándo moverse.
James reconoció con esfuerzos donde se encontraban, era una pequeña plaza, donde solía estar el puesto de Anna, la hasta hacía poco enamorada de Aubert. Caminaron unos pasos más hasta toparse con el letrero que había visto hacia algún tiempo: Doctor Charles Smith, Urgencias.
El corazón de James se aceleró al acercar la mano a la puerta. Lo que haría muy posiblemente le costaría la vida, pero siguió con valentía. Giró. Para su sorpresa, la puerta estaba abierta. Entraron a una pequeña sala de espera, una puerta al lado de un sillón tenia una letrero pequeño en el que se leía: espere su turno, toda consulta causa honorarios.
Su mirada se desvió hacia un hombre de Vitruvio que observaba con sus brazos extendidos, como vigilante, el consultorio del doctor Smith. La habitación estaba casi en oscuridad total, por lo que trataron de caminar lo mas cuidadosamente posible.
James miró a Aubert y le susurró:
-¿estaba esto abierto cuando viniste ayer?
-no…-el susurro de Aubert era tan sigiloso como inaudible-cuando vine los espié por una ventana…
James dio un paso hacia enfrete.
El suelo crujió estridentemente…
De repente se escuchó una voz familiar que decía detrás de la puerta del letrero:
-ha… ya has llegado, ¿Qué trajiste hoy?
James se paralizó del miedo, escuchó los pasos acercarse a la puerta y miró a Aubert, ‘el no debe terminar así’, y lo llevo rápidamente a la puerta, abrió y lo empujó afuera.
El doctor Smith abrió la puerta y sus lentes y bata, manchados de sangre, brillaron a la luz de la luna.
James había sido descubierto.
Para muchos, el Apocalipsis sería