lunes, septiembre 25, 2006

Post Emo


no sabes como te extraño...

cada día sin ti es gris...


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cada dia contigo es verde y delicioso...

mi lindo edificio...

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no mas emo, se los juro.

domingo, septiembre 17, 2006

El Viejo Cantinero capítulo #18

Capítulo 18

Todo había ocurrido tan rápido que James no sabía dónde estaba, pero estaba.

Se encontraba en una enorme sala rectangular, ya no había carmín en el suelo, había sido sustituido por destellos blancos y dorados, las paredes eran de un blanco celestial y las columnas eran doradas. Miró a su alrededor, y vio a mucha gente sentada a ambos lados, entre ellos Aubert y su madre, todos vestidos de gala. Se dio cuenta de que estaba hincado, y miró su vestimenta: era azul, hombreras blancas, pantalón azul marino, zapatos negros.
Desvió hacia delante su vista y vio al guardia que lo había ayudado en que pensaba había sido hace eones. Él lo miró y le guiñó un ojo, después volvió a su militar posición. Frente a él se encontraba una persona que había visto hacía tiempo: Victoria I, reina de Inglaterra.

Ella sostenía una reluciente espada en alto. No entendía una sola palabra de lo que decía, pero sonrió. Un segundo después, todo dejó de ser confuso.
Le tocó el hombro izquierdo con la espada mientras decía:

-Por servicios a la Nación Inglesa, te condecoro…

Tocó el hombro derecho.

-Con la caballería Inglesa, a ti, Sir James…

Hubo un silencio, nadie en la habitación, excepto James mismo, sabían su apellido, pero en ese momento alzó la vista, para coincidir con la vista de la reina, y dijo:

-Guillory… James Guillory.

La reina sonrió.

-A ti, Sir James Guillory.

La reina le puso una medalla en el pecho.
Hubo una ola de aplausos, él se incorporó y sonrió.
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dentro de poco...
El Viejo Cantinero: Capítulo final...

viernes, septiembre 08, 2006

Te Amo...

En la atmósfera adolescente en la
que me desenvuelvo, puedo ver la
poca reelevancia que le toman a las
cosas...

Una de las más importantes es que
por cualquier tipo de favor, gesto o
similar, suelen responder 'te amo'.

No se por qué me lo tomo así, lo más seguro
es que esté más chapado a la antigüa de lo
que pienso... pero para mi esas dos palabras
tienen un gran peso, un significado que va
más allá de sólo decirlo...

Son palabras que más que decirlas se deben
actuar, sentir...

Si tu dices 'te amo' sin sentirlo... estás grave.

Porque habemos algunos que nos encantaría
decirlo...

sábado, septiembre 02, 2006

El Viejo Cantinero Cap. #17

Capítulo 17

A James le dio un vuelco el corazón, los ojos de Aubert se habían iluminado al verlo llegar y ahora se retorcía para alcanzarlo, entonces recibió una patada del doctor Smith.

James, furioso, ordenó al hombre:

-¡Deja al muchacho, el problema es conmigo!

La luz de luna hacía resplandecer los lentes del doctor Smith, que sonrió y continuó:

-mmm… ¡Si es un viejo!

James comenzaba a desesperarse, los chistes sobre su edad rara vez le incomodaban, pero en su situación actual, le parecía absurdo, en especial durante las negociaciones por una vida.

James pensó en dar un paso enfrente, pero no se arriesgó.

-Tu… quiero respuestas… ¿Por qué iniciaste esto? ¿Por qué destruir vidas sin pausa durante tanto tiempo?

El rostro del doctor Smith se iluminó y contestó con voz melodiosa:

-La ciencia va ganando adeptos al pasar de los años… vienen cada vez más alumnos, y los objetos de estudio son cada vez menos, es un círculo al que he dedicado tiempo a tratar de resolver…Vi por la ventana un día y vi la escoria… lo que ensucia la sociedad: vagabundos. Sin oficio ni beneficio, no hacen sino dar mal aspecto a todo, sin familia, robando, y esparciendo la peste.

James observó al padrastro de Aubert, con rostro sereno y rígido, vigilaba los movimientos de lo y el guardia que lo acompañaba.

-Comprendí que nadie lloraría en sus tumbas, los extrañaría, incluso hay quien estaría deseoso de eliminarlos de una buena vez, así que me fue fácil contratar a este buen hombre -el tono del doctor Smith sonaba tan fuera de sí que James sentía una mezcla de repulsión y medio, Smith miró al padrastro de Aubert- para traer objetos de estudio.

James entonces comprendió.

Habían estado asesinando vagabundos para llevarlos a la universidad y estudiar los cadáveres. Pensar que Marianne había tenido un final tan cruel y horrible, hacía que en su interior ardiera, la ira del hombre se elevara a cada palabra que salí de los labios de Smith. Adelantó su puño y rugió de una manera tan dolorosa y lastimera que el guardia que lo acompañaba dio un paso atrás mientras James respondía.

-¡Mi esposa no era ninguna escoria! Lo que usted hizo destruyó mi vida, mi hija me abandonó, mi vida no ha sido sino desgracias desde que ella fue asesinada, y habla de sus intereses como si fuera lo único que importara.

Smith arqueó las cejas, sorprendido, y miró al padrastro de Aubert.

-¡Sabías que matar civiles registrados no era parte del plan!

El hombre se encogió de hombros, y respondió mirando a James directamente a los ojos:

-No tuve un buen día entonces, y tu esposa se puso en mi camino, y después de la propuesta del doctor… creí que era mejor empezar de una buena vez.

James ardía en furia, había recibido la noticia de uno de sus amigos de la policía, conocer la verdad no le reconfortaba, pero le llenaba la incertidumbre de los pasados cinco años.

-¡Maldito!

James de adelantó en dirección al padrastro de Aubert, pero el doctor Smith se interpuso blandiendo un enorme cuchillo.

Dio la estocada, falló y James le dio un rodillazo en la mano de Smith que envió el cuchillo al aire. Extendió su brazo hacia atrás, con las yemas de sus dedos de su mano izquierda atrapó el filo del cuchillo y con un movimiento rápido, pasó a su otra mano y enterró el cuchillo en la bata del doctor Smith.

Este abrió mucho los ojos, se detuvo con las manos el desangramiento y, finalmente, puso los ojos en blanco para caer inerte al suelo.

Hubo un momento en el que nadie dijo nada sólo se oían los balbuceos de Aubert tras la mordaza.

El padrastro de Aubert vio a Smith en el suelo, luego miró a James y se abalanzó sobre él. Le propinó un golpe que no pudo evitar y entonces vino el cambio de puños. James sentía como una droga cada golpe, como si Marianne estuviera ahí dándole fuerza para cada golpe futuro… pero sabía muy bien que desaprobaría su actuar sin pensarlo.

Se acercaban al barandal donde repicaría a las doce el Big Ben, James esquivó un golpe, tomó el cuchillo y con una limpia estocada, libró a Aubert de sus ataduras.

Aubert se levantó le metió a su padrastro el pie mientras se acercaba y el hombre cayó al suelo. Tomó a Aubert de los pies y ambos estaban en el enrejado suelo dando y recibiendo puñetazos, Aubert lo apartó de una patada y se incorporó, para encarar a un James que le dijo con voz cansada y furiosa:

-Vamos… ¡Ten el valor de enfrentarte a alguien que si se puede defender!

En ese momento, el guardia real, tomó su bayoneta y la clavó en la pierna del padrastro de Aubert. El hombre se tambaleó y cayó en cuclillas al suelo. James lo levantó del cuello y comenzó a golpearlo con toda la fuerza que le ofrecía el cuerpo.

Dio un golpe.

-Esto es por matar a lo más bello de mi vida.

Ya no gritaba, consideró hablar normalmente más devastador.

Dio otro golpe.

-Esto es por apartar a mi familia y llenarme de soledad.

Se acercaron cada vez más al vitral.

Dio un golpe más. Esta ven el estómago.

-Esta es por mi firme convicción de no dejar que nadie pisotee la libertad de mi familia, ni de nadie.

El golpe bastó para mandar al padrastro de Aubert a través del vitral, precipitándose al vacío.

Los tres hombres, al filo del Big Ben, presenciaron cómo caía al suelo. El sonido, para ellos inaudible, pareció despertar a algunos curiosos de las cercanías, que prendieron las luces de sus casas y salieron, mientras escuchaban las campanas de la policía, que venía en camino.

Todos se miraron, el guardia miró hacia abajo y dijo:

-Esto lo va a saber la reina.

Las campanas del Big Ben repicaron.